Porqué no estoy en Redes Sociales

En general tengo fama de anti-social, aunque más que “anti” diría que “a”. Pero el hecho de no estar en Redes Sociales seguramente es más por mi experiencia e historia en Internet que otra cosa.

Pongo por ejemplo como redes sociales las siguientes: Twitter, Instagram, Linkedin, Tumblr, Facebook, Pinterest, Youtube, Flickr, WhatsApp, Reddit, Snapchat, Google+, Periscope, Medium, Meetup, Askfm, Viber, Vine, WeChat…

Si alguien me busca me va a encontrar, eso seguro, porque sólo hay que poner mi nombre en cualquier buscador y aparecerá mi sitio web principal -javiercasares.com-. Allí está mi contacto, teléfono, correo… todo lo necesario para que cualquiera se comunique conmigo. Además está Threema, que es el sistema de mensajería que prefiero; es de pago, pero tiene unos niveles de seguridad que considero mejores en comparación con otros, ya que está descentralizado [parcialmente].

Además, me considero un feeder de Twitter, que más que una red social considero una buena fuente de comunicación y de emisión de conocimiento en tiempo real, probablemente junto a la Wikipedia, a la que cada año dono 12 euros para su mantenimiento (creo que 1 euro al mes para devolver lo que me da es lo mínimo que puedo hacer). Alguna vez incluso he comentado que si Twitter diera un servicio premium para usuarios “normales” de entre 12 y 48 euros al año, seguramente también lo pagaría.

Por último Linkedin, es seguramente más que una red social un lugar de comunicación interesante desde el punto de vista profesional, para cualquier persona que trabaje en cualquier sector. No digo que todos deberíamos estar en Linkedin, pero casi. Si se usa mínimamente bien es un lugar que puede generar muy buenas relaciones.

Como veis, en general todo se centra en información y contactos profesionales. Y es que, como decía al inicio, llevo ya 20 años generando contenidos en Internet (y 23 rondando por aquí) y cada vez aprecio más cierto grado de privacidad, no tanto entendida en cuando a la seguridad de saber dónde vivo o quién soy, sino en lo que hago en el día a día, que creo que no le ha de importar a nadie, excepto a mi familia y amigos cercanos, con los cuales me comunico de otra manera (no de forma pública).

Y es aquí el punto a destacar… ¿hay que ofrecer tu vida de forma pública? Si te dedicas profesionalmente a algo que tiene que ver con “ser conocido” es obvio que sí. Aquí lo que hay que saber es dónde están los límites de lo personal y lo privado. Un ejemplo claro puede ser la política, los actores… pero, por ejemplo ¿yo?. He de reconocer que me considero un personaje público en determinados ámbitos, sobre todos los que tienen relación con Internet. En los eventos a los que asisto, mucha gente me conoce por mi historia en la red, por todo aquello que he hecho, he dicho y he aportado, y me parece correcto que se acerquen a mi y me pregunten y tengamos charlas acordes… no deja de ser un “subidón de ego” cada vez que eso ocurre, y más cuando alguien acaba diciéndote lo de “pensaba que nunca me ibas a contestar o a pasar de mi”. No soy tan famoso como para tener que ignorar a gente a la que puedo ayudar (o al menos eso es lo que espero).

Y esto lleva a “las otras redes sociales”, como Facebook, Instagram, Snapchat, WhatsApp. Por supuesto que doy por hecho que hay un uso profesional en estas redes, aunque considero que la mayoría de veces es extremadamente vendido (ya sea en forma de publicidad o de marketing extremo). Entiendo que haya cuentas de empresas y que la gente las siga “porque quieren”, pero no es ahí donde quiero ir, sino a la parte más personal. Facebook me parece un sitio de chismorreo, de cotilleo extremo en el que uno va ahí simplemente para cuchichear en la vida de los demás. Lo más extremo que me ha pasado es que me entere de que unos amigos han sido padres (hace ya algunos años) y cuando me los encuentro su frase sea: lo dijimos por Facebook. Eeehhhmmm… vale. De toda la vida se ha llamado o se ha informado “de tú a tú” este tipo de información (y creo que es lo suficientemente importante como para informar de forma personalizada).

El caso de WhatsApp y yo es el de una relación de amor-odio. Aunque todo el mundo piensa que no tengo WhatsApp he tenido que acabar volviéndomelo a poner, al igual que Telegram. Ahora mismo tengo 4-5 sistemas de mensajería porque “hay cosas únicas en cada una de ellas”. El caso de WhatsApp y Telegram ha acabado siendo el de algunos grupos. En el caso de Telegram, principalmente los uso para estar al día de temas pastafaris. El de WhastApp por temas más profesionales, como por ejemplo la comunicación con los alumnos del Máster en Mobile Business, y con algún grupo de amigos. Al final todo se resumen en La teoría del bar (al final del post la explico). En general si alguien me habla por WhatsApp acabo pasando de sus mensajes y los grupos acaban silenciados un año porque son ingestionables, excepto en los que la gente se comporta y escribe de forma razonable (en estos casos cuando se desmadra sólo los silencio 8 horas). Últimamente escucho cada vez a más gente decirme que se va a quitar de WhatsApp. Sé que no lo van a hacer, yo lo he hecho varias veces, y la presión social de comunicación que hay bajo este servicio de mensajería es extremo. Lo que más me preocupa es que los datos de quién habla con quién y cuánto, aunque los mensajes sean cifrados, dan tanta información como la que en su día daba (y sigue dando) el correo electrónico; esa información dice mucho más de lo que pensamos y que esté en manos de una corporación como Facebook es preocupante.

Así que, poco más a decir… sólo acabar de explicar La teoría del bar que en su día me explicó Gina Tost:

Imagínate que en una calle hay un montón de bares. En todos hay gente, aunque en algunas más que otras; de la misma forma, algunos bares son más grandes y más nuevos y ofrecen más bebida gratis que otra. Lo bueno de los bares es que puedes cambiarte de uno a otro con cierta facilidad, pero has de tener una pulserita para entrar. ¿Qué pasa cuando no tienes la pulserita para entrar en el bar donde está todo el mundo? Pues que sólo acabas entrando en los bares más pequeños, con menos gente y en los que probablemente nunca te acabes de encontrar y puedas hablar con la persona que quieres hacerlo.

Pues eso son los WhatsApp, Telegram, Threema y demás redes de mensajería instantánea, una especie de bar en los que si no tienes la App instalada simplemente no estás y no puedes hablar con quien quieres. Y por muy bonito que sea el bar en el que tú estás, si no está la gente con la que tú quieres hbalar, de poco te va a servir estar ahí.

Ese soy yo en Threema. Y tan a gusto que estoy.

1 comentario en “Porqué no estoy en Redes Sociales

  1. Hola Javier,
    Estoy totalmente de acuerdo contigo.
    Soy de la generación del tú a tú, aunque me haya integrado en Internet, pero de forma discreta y sobre todo por temas profesionales.
    No tengo nada que ocultar, pero me gusta más la comunicación directa donde se transmite más información, el contacto visual,el tono de voz, los gestos inconscientes que todos tenemos. En fin que espero no perder el placer de seguir conversando en persona, en debates en que es un auténtico placer escuchar a gente que mantiene una buena oratoria.
    En fin Javier que no creo ni debo estar en los boletines oficiales públicos…..je.
    Quién quiera conocerme encantada de entablar un buen diálogo.
    Un saludo de verano
    Lidia

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