Evolución del método de desarrollo con IA

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Durante estos últmos 3 años mi relación con la inteligencia artificial para programar ha sido la de un aprendiz con un mentor distante. Le pedía cosas, él me las daba, y yo las insertaba a mano en mis proyectos. Funcionaba, pero no fluía.

Lo que ha isod viniendo después no ha sido una revolución de un día para otro, sino una sucesión de pequeños virajes tecnológicos que me han empujado hacia un flujo de trabajo más autónomo, más rápido y, curiosamente, más local.

La era del chat (2023-2025)

Al principio, todo se reducía a una ventana de chat. Abría ChatGPT, describía lo que necesitaba (un hook de WordPress, una función de utilidad, un ajuste en el tema) y copiaba el resultado. Lo revisaba, lo adaptaba, lo pegaba.

Era un proceso manual, casi artesanal, que me obligaba a estar constantemente saltando entre el navegador y el editor. Funcionaba para prototipos, pero cuanto más complejo era el proyecto, más fricción generaba. La IA me ayudaba a escribir, pero no me ayudaba a pensar en arquitectura.

El experimento en la nube (septiembre-noviembre de 2025)

En septiembre de 2025, Codex Cloud prometía exactamente eso: integración directa con mis repositorios de GitHub.

Por un par de meses, sentí que el flujo finalmente tenía sentido. Podía lanzar instrucciones contra código real, en contexto, sin salir del ecosistema. Pero en noviembre, el servicio se convirtió en un extra de pago. Fue el empujón que necesitaba. Me negué a encadenarme a otra suscripción más.

La revelación de la terminal (finales de 2025)

Fue entonces cuando descubrí codex-cli por SSH. El cambio fue brutal: dejé de desarrollar en mi máquina local para hacerlo directamente sobre servidores reales.

Montaba un WordPress, lanzaba la herramienta mediante API (sin suscripción mensual, pago por uso) y empezaba a construir plugins y código desde la terminal.

Este fue el momento en el que empecé a sacar provecho real de alguns cosas. Comencé a optimizar mis archivos AGENTS.md con una obsesión casi enfermiza: reglas de PHPCS, validaciones de PHPStan a nivel 9, restricciones estrictas de calidad.

No quería que la IA generara código rápido; quería que generara código correcto.

La terminal se convirtió en mi taller, y cada proyecto heredaba un manual de estilo que la IA debía seguir al pie de la letra.

El cambio de motor (principios de 2026)

A principios de año, Claude Code demostró ser más potente en ciertos contextos de desarrollo. El sistema seguía siendo el mismo (CLI, servidor remoto, API directas), pero cambié la herramienta.

Fue como cambiar el motor de un coche sin tocar la carrocería: la arquitectura de mi flujo de trabajo se mantuvo intacta, pero el rendimiento mejoró notoriamente. Durante meses, este ha sido mi día a día.

Hacia la soberanía (ahora)

Ahora estoy en otra transición.

Por un lado, estoy migrando todo mi flujo a OpenCode, una herramienta abierta que me permite desacoplar el agente del modelo. Es un proceso lento: debo ir aplicándolo sitio por sitio, configurando cada proyecto para que herede las mismas reglas de calidad que ya tenía pulidas.

Por otro, estoy experimentando con modelos alternativos como z.ai y planificando mi propio servidor local de inferencia con modelos open source.

No se trata solo de ahorrar costes; se trata de recuperar el control. Quiero decidir qué modelo ejecuta mi código, qué datos tocan mis repositorios, y que mi flujo de desarrollo no dependa de que a una empresa de San Francisco le dé por cambiar las condiciones de servicio.

Implicaciones

Este viaje me ha enseñado bastantes cosas, sobre todo viniendo de desarrollar en Notepad++: las mejores herramientas no son las más populares, sino las que te permiten construir tus propias reglas.

El paso del chat a la CLI no fue solo tecnológico; fue filosófico. Dejé de ser un usuario que consumía respuestas para convertirme en un operador que orquestaba agentes.

Y el siguiente paso (el local, el abierto, el soberano) es la consecuencia lógica de ese cambio.

Mirando al futuro

No sé qué herramienta usaré dentro de un año.

Pero sí sé cómo quiero trabajar: desde la terminal, contra servidores reales, con reglas de calidad innegociables y sin dependencias de suscripciones opacas.

La IA para programar dejó de ser un truco de magia para convertirse en mi infraestructura. Y como toda infraestructura que respeto, quiero que sea mía.

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