Ciudades cuadradas

Ahora que ya estoy a punto de marchar de Buenos Aires me gustaría comentar algunos detalles que me han sorprendido bastante y que quizá muchos de los que me leéis tampoco conozcáis.

Cuando llegamos a la ciudad, una de las cosas que más me sorprendió fue la numeración de las calles. Hace ya un tiempo expliqué cómo funciona, parcialmente, el sistema de numeración de las calles por España, pero es que el sistema que tienen por aquí tiene una idea mucho mejor que la que usamos en Europa.

Buenos Aires es una ciudad “cuadrada”. Y por cuadrada, para que me entendáis, quiero decir que está hecha prácticamente a base de cuadras, manzanas, isletas o, como queráis llamarlo, de forma muy parecida al Eixample de Barcelona. Además, es una ciudad muy extensa, los edificios no son muy altos, pero se ha crecido a lo ancho, lo que significa que las calles, por norma general son muy largas.

Aquí puedes encontrarte números de calle tranquilamente cercanos a los 5.000, algo que me hizo abrir los ojos al poco de llegar. ¿Cómo es posible que una calle tenga 5.000 números si la Gran Vía de Barcelona tiene algo más de 1.000 y cruza de punta a punta la ciudad? La razón es muy sencilla: cada cuadra son 100 números. Esto significa que cada manzana cubre en entero entre 100 de una calle. De esta forma, si estás en el 2578, significa que estás en la manzana 25 desde el principio de la calle.

La verdad es que este sistema me parece muy inteligente, ya que sabes exactamente a la distancia que te encuentras de un sitio, principalmente porque las isletas más o menos son fácilmente medibles. Os recomiendo una entrada que explica bastante bien el sistema de numeración de varios lugares.

Otra de las cosas que me han parecido muy inteligentes (y seguras) es que, a la salida de los estacionamientos (parkings, aparcamientos…) hay un par de bombillas, roja y verde. Estas bombillas son para avisar que un vehículo está saliendo, y es que este sistema es obligatorio porque se han atropellado a muchas personas. Sí, muchos atropellos porque en esta ciudad (y parece que en el país) la gente parece enloquecer frente al volante.

Reconozco que cuando voy en la moto hago muchas cosas que no se deben hacer… pero la verdad, en Argentina no se me ocurriría ir en moto porque simplemente moriría a los 2 días. Los carriles se puede decir que están para gastar pintura, porque en todos los trayectos que he recorrido simplemente iba por encima de las líneas blancas intermitentes. Además, la gente tiene la mano suelta en cuanto al claxon (pito) se refiere… a la mínima que alguien no hace lo que tú consideras que ha de hacer o tarda 2 segundos más en incorporarse, tocas el claxon para “increparle” porque no (y repito, no) incumple correctamente las normas de circulación. Otra cosa importante es que, creo, que el concepto “reasfaltar las calles” no existe… tengo la sensación que las calles se asfaltaron hace 30 años y se han quedado así. Hay muchísimos baches, agujeros, saltos… siempre que salgo de los coches salgo mareado. Lo siento, pero he de decirlo: voy cagao de miedo cuando me subo a un coche.

Una anécdota divertida (vaya, a mi me lo parece) es que anoche cuando volvíamos del aeropuerto le dijimos al taxista que íbamos a la calle Guatemala. Por aquí cerca hay otras calles de similar nombre (un par más allá está Paraguay). Tras un largo viaje, el taxista paró en un sitio completamente desconocido por nosotros e hizo la intención de decir que ya habíamos llegado… pero, antes de que eso ocurriera, Miquel le dijo al taxista que íbamos a la calle Guatemala. El taxista reconoció su error y comenzó el trayecto preguntándole a otro taxista por la calle en cuestión. Al momento le preguntamos que qué calle era donde nos había llevado y nos dijo: les entendí la calle Honduras. Sin duda a mi se me escapó una sonrisa gigante y por mi cabeza pasaron varias fórmulas de cómo el hombre había podido confundir Guatemala con Honduras…

El día que estuvimos por Mendoza quedamos a comer con una gente y, mientras esperábamos a los 3 que venían, me quedé hablando con uno de ellos sobre el estado de la conexión a Internet del país y la ciudad. Me interesa saber qué tecnología y demás usan. Me estuvo explicando y yo también le contaba las analogías con España y otros lugares, también hablando de móviles (le enseñé mi HTC Desire HD) y no sé cómo apareció una chica joven (debía tener unos 14 años) que se quedó escuchando. Yo me quedé observando porque estaba situada a unos 50 centímetros de nosotros, con una oreja puesta en la conversación y con el rabillo del ojo mirándome. Al cabo de un poco nos pregunta: perdona, ¿de dónde sois vosotros?. Le contestamos y la chica siguió escuchando atentamente hasta que llegaron unas compañeras del instituto que había en la calle de delante. Me hizo mucha gracia que alguien de esa edad se interesase tanto por “las telecomunicaciones”.

En fin, muchas anécdotas que me llevo de estas ciudades y a las que prometo volver, aunque esa vez será con algo más de tiempo y un poco más turísticamente.

4 comentarios en “Ciudades cuadradas

  1. Creo que el taxista los paseo por la ciudad para cobrarles extra… argentinidad al palo, en cuanto a la ñiña que se te acerco, yo hubiese guardado inmediatamente el celular… hay mucho punga dando vuelta… y creo que mas alla de lo que hablaban le habra causado curiosidad tu acento y tu pedazo de celular que aca debe costar mas de $2000 pesos o alrededor de 600 dolares…
    Y que bueno que hayas decidido no usar la moto, porque realmente en la ciudad de bsas te pasan por arriba, los enemigos de los conductores son: taxistas, colectivos, motos, baches, semaforos, fotomultas, baches, no se puede estacionar en ningun lado sin que aparezcan trapitos (gente que te pide dinero a cambio “de cuidar tu choche” solo por estacionarlo en la via “publica” o sea de todos… de nadie… bueno que disfrutes de los paisajes de la argentina… y bueno lo peor de argentina que es la ciudad de bsas ya lo conociste, el interior del pais es mas tranquilo

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