La Conspiración de las Bacterias

Las bacterias pueden hacer cosas bastante inteligentes para evitar su eliminación. Una de ellas es compartir «secretos» bioquímicos con otras bacterias, una ayuda mutua que sirve para resistir o destruir los antibióticos.

Según las investigaciones de un grupo de científicos de la Vanderbilt University, cuando una bacteria se hace resistente a uno de estos fármacos (gracias a que son capaces de codificar un tipo particular de proteína), en algunos casos puede transmitir esta información a otras bacterias, incluso a algunas de otras especies.

Los estudios se han hecho con una bacteria particularmente peligrosa llamada Pseudomonas aeruginosa. Este organismo produce una proteína que le permite resistir frente a los antibióticos. Los científicos liderados por Richard N. Armstrong han analizado su estructura cristalina.

La proteína se llama FosA y proporciona resistencia frente a un antibiótico muy habitual, la fosfomicina, que se emplea para tratar infecciones del tracto urinario. Si queremos que siga siendo útil, deberemos encontrar pronto una forma de evitar el problema de la resistencia.

Armstrong y sus colegas revisaron las bases de datos que contienen información sobre el código genético de varios microorganismos patógenos y encontraron el gen que codifica para FosA y otras proteínas similares en bacterias tan diversas como la mencionada Pseudomonas aeruginosa, el Staphylococcus aureus, y el Bacillus anthracis. La Pseudomonas sólo afecta a individuos con problemas inmunológicos, como los pacientes con cáncer o fibrosis quística. Ya no se la pueda tratar con ningún antibiótico. El Staphyloccus, por su parte, que aparece en la comida, es resistente a muchos antibióticos comunes, una lista que crece constantemente.

Los científicos han estudiado la proteína FosA con cristalografía de rayos-X. El objetivo es conocer cómo está construida, de qué piezas está compuesta y cómo encajan entre sí, y saber cómo trabaja para defender un ataque antibiótico. Con esta información pueden diseñarse inhibidores de esta habilidad.

Que muchos microorganismos sean resistentes a la fosfomicina podría tener una explicación relacionada con la evolución, una que tiene en cuenta la habilidad de los microbios de compartir genes. Antes de que fuera usada como antibiótico por los humanos, la fosfomicina existía ya como sustancia natural fabricada por los microbios del suelo, y utilizada para matar a otros en competencia.

Las bacterias pueden pasarse genes de unas a otras a través de unos pequeños fragmentos circulares de ADN llamados plásmidos. Armstrong cree que la proteína FosA fue probablemente compartida entre diferentes patógenos humanos a través de plásmidos. Es posible incluso que éste sea el método por el cual la resistencia a los antibióticos se extiende entre los microorganismos que viven en el ambiente hospitalario.

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