Día de nieve en Rasos de Peguera

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Aprovechando las vacaciones de Navidad de los niños, hemos aprovechado en ir a la nieve. Hace cosa de un mes estuvimos con ellos por primera vez por Vallter y para ser un poco improvisado, se lo pasaron genial.

Así que esta vez, con un poco más de preparación, fuimos expresamente a Rasos de Peguera, que sabíamos a ciencia cierta que había nieve.

Hay que decir que hoy en día la estación no existe ya tal como entendemos una estación de esquí, pero precisamente por eso, es un buen lugar para ir y pasarlo bien, porque tiene mucho por descubrir.

Sobre la estación

La gracia y la pequeña melancolía de Rasos de Peguera es que, siendo «la estación de esquí de Barcelona», en realidad es también un pedazo de historia del esquí en Cataluña. Está ahí arriba, cerca de Berga, con esa sensación de montaña amable: bosque, lomas redondeadas y días de invierno que pueden ser mágicos… o fríos.

En Rasos se sitúa uno de los primeros momentos documentados del esquí en Cataluña: en 1908 un grupo de excursionistas probó allí trineos (luges) y esquís que se habían traído de Suiza. No era una «estación» todavía, claro; era más bien la idea de jugar a deslizarse por la nieve en un sitio al que ya se subía por montaña.

La estación de esquí alpino como tal se inaugura en 1975. Con los años tuvo remontes, escuela y servicios pensados para un público muy concreto: familias y gente que quería empezar a esquiar sin irse a los grandes dominios del Pirineo. Rasos siempre tuvo esa fama de «primeras bajadas» y nieve agradecida cuando cuajaba con poco espesor.

Y luego llega el tramo que muchos recuerdan con un «qué pena»: la estación cerró en 2004, empujada por una combinación muy típica de media montaña: temporadas irregulares de nieve y dificultad para sostener el presupuesto.

Aun así, Rasos no desaparece del mapa: en la última década se ha ido orientando más a actividades de nieve sin depender tanto del alpino (raquetas, esquí de montaña/fondo cuando las condiciones acompañan) y a ser un espacio de naturaleza y deporte cercano a Barcelona.

A mí Rasos me parece uno de esos sitios que explican muy bien un cambio de época: de la ilusión pionera (1908), al boom de estación local (años 70), y de ahí a un presente más híbrido, menos «postal de telesilla» y más «vamos a la montaña a lo que se deje hoy».

Disfrutar de las vistas

Creo que hay poco que decir cuando se habla de las vistas desde allí arriba. A casi sus 2.000 metros (y en nuestro caso, con unas nubes «por debajo») sólo queda observar y recordar esas fotos.

Y pasar un día en familia

No cabe duda que aunque es un poco paliza el viaje hasta allí, sobre todo el tramo final de subida a la montaña con niebla y con la carretera más estrecha, merece mucho la pena una vez llegas.

En nuestro caso nos pilló con un muy buen día, despejado (al menos arriba, porque abajo estaba nubladísimo), y con algo de frío… pero tanto Roberta como los niños se lo pasaron genial.

Hasta donde mi cabeza recuerda, no había estado nunca por esta zona, ni había subido aquí, y la verdad es que es digno de una mejor planificación y una visita con más preparación… o sea, con trineos, raquetas y un mejor calzado para poder dar un lago paseo por las rutas que hay.

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