La »tarjeta inteligente» encuentra reacciones mixtas en Francia

Francia ha dado el primer paso hacia un futuro sin dinero en efectivo con el lanzamiento de las llamadas «tarjetas inteligentes»: un plástico computarizado con microcircuito que reemplaza en los bolsillos a las monedas y permite acelerar las transacciones por montos menores.

Llamadas Moneo, las tarjetas francesas de monedero electrónico fueron introducidas hace dos años en varias regiones pequeñas. En noviembre, el servicio fue expandido para incluir París.

Ahora, unos 850.000 consumidores utilizan tarjetas Moneo en forma regular en 80.000 tiendas de comestibles, estacionamientos o máquinas expendedoras automáticas, informó Pierre Fersztand, presidente de BMS, la empresa tecnológica que lanzó el proyecto.

A diferencia de una tarjeta de débito, la tarjeta Moneo básica no tiene el nombre del usuario impreso, así que no hay temores de robo de identidad. Pero si un propietario la pierde, el efectivo guardado en ella puede ser usado por quien la encuentre, por lo que tienen un límite de almacenamiento de 100 euros (107 dólares).

Fersztand espera que las tarjetas estén disponibles pronto para comerciantes y clientes de todo el país.

«Estamos seguros de que se popularizarán aquí», dijo el ejecutivo en la sede de su compañía en París. «La cuestión es cuánto tiempo tardarán: ¿dos años o diez?».

Todos los bancos franceses han solicitado la Moneo. Los más importantes son accionistas de BMS, así como la autoridad ferroviaria de SNCF y la oficina del alcalde de París.

Al igual que en proyectos anteriores, lanzados con menos éxito en Nueva York y Londres, los usuarios pueden transferir dinero de sus cuentas bancarias a las tarjetas inteligentes en cajeros automáticos especiales instalados en bancos y oficinas de correos.

También pueden recargar las tarjetas en cualquier tienda participante, cine o supermercado, utilizando un número de identificación personal (NIP). En cambio, a diferencia de las tarjetas de débito, no es necesario un NIP para obtener efectivo.

Y para los que les desagrada la idea de llevar un plástico más en sus carteras, Moneo puede incorporarse a las tarjetas de crédito que ya tienen, algo que nunca se ha intentado fuera de Francia. De hecho, el dispositivo ya se ha añadido automáticamente a 25 millones de tarjetas de crédito que requerían renovación, sin que los propietarios estuvieran siempre conscientes de ello, explicó Fersztand.

«Han aprendido las lecciones de errores anteriores», dijo Therese Torris, analista principal en Forrester Research. «Creemos que podría tener éxito (en Francia), a diferencia de otras iniciativas previas que no lo tuvieron».

Su aceptación

Entre los retos: cómo asegurar que las tarjetas sean aceptadas ampliamente, resulten rápidas de usar, fáciles de recargar y tengan cuotas de transacción bajas para los comerciantes. Normalmente, los bancos cobran entre un 0,4 y un 0,9 por ciento por transacción, y los consumidores deben pagar una cuota anual de 5,5 a 12 euros (de 6 a 13 dólares).

Hasta ahora, la reacción ha sido variada.

Gregory Clau, de 30 años, dijo que sólo un cliente ha utilizado el servicio desde que lo instaló hace tres meses en su cerrajería cerca de los Campos Elíseos, en París.

«No creo que le interese a nadie», dijo.

En cambio, el dueño de una panadería del centro de París, Chantal Plousseau, opinó lo contrario.

«El número de usuarios aumenta continuamente», dijo el panadero de 50 años. «Es eficiente y a la larga haré menos viajes al banco con bolsas de monedas».

En muchos parquímetros en el suburbio parisino de Boulogne, la Moneo es de rigor: el único método de pago aceptado. Las autoridades se hartaron de las pandillas de jóvenes que intentaban forzar las máquinas para sacarles las monedas.

Su fracaso en EE.UU.

Pero parece que las tarjetas inteligentes están perpetuamente en ensayo.

Un lanzamiento limitado en la ciudad de Nueva York en 1998 fracasó debido a interferencias en el sistema. Los comerciantes se quejaron de tener que otorgarle precioso espacio en el mostrador al lector de tarjetas, y los consumidores perdieron el interés sin un incentivo financiero como los programas de recompensas.

Tal vez aún más importante, el sistema no producía ganancias para los usuarios, y los bancos no podían cobrar por el uso de las tarjetas hasta que los consumidores y los comerciantes al menudeo estuvieran dispuestos a pagar por la facilidad.

Sus pocos éxitos se han registrado en sitios tales los predios universitarios o en el ejército de Estados Unidos, donde las tarjetas inteligentes son bastante más que monederos electrónicos.

Una cuestión de generaciones

Muchos estudiantes estadounidenses y británicos las utilizan para comprar comida o bebidas en las cafeterías y bares universitarios, para obtener acceso a edificios y archivos de cómputo o para sacar libros de la biblioteca. Ahora, las tarjetas inteligentes también sirven como identificaciones digitales para los soldados estadounidenses, siendo autorizadas en redes de cómputo.

En Japón están en circulación unos 650.000 monederos electrónicos conocidos como tarjetas Edy, y pueden usarse en 2.100 tiendas en la zona de Tokio. Pero a diferencia de Francia, las tarjetas sólo pueden ser recargadas en máquinas especiales o utilizando dispositivos que se enchufan a computadoras personales.

«Todos sabemos que el futuro del dinero es totalmente virtual», dijo Torris, la analista de Forrester. «La Moneo es el primer paso en esa dirección».

Intente decirle eso a Christine Berube.

Ella se niega a ofrecer el servicio en su mostrador de venta de cigarrillos, ubicado en un bar que sirve interminables vasos de vino de mesa barato y tazas de café a clientes ancianos en su mayoría.

«Creo que (esa tarjeta) es inútil», dijo la vendedora de 46 años, al tiempo que sus clientes asentían con la cabeza.

«Sé cómo contar el cambio rápidamente y no quiero enriquecer a los bancos», añadió.

CNN Español

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