Keremos libertad de botellón

¡Saludos familiares y amig@s!:

Debido a nuestro espíritu rebelde e inconformista (¿quién no se ha dedicado a pisar con rabia el césped delante de un cartel en el q pone: «NO PISAR» con una sonrisa triunfal en la cara al ver que 3 ancianitas con cara fascistoide se quedaban boquiabiertas ante tanta rebeldía? ¿Quién no ha dicho que no le queda tabaco cuando es evidente que sí? ¿Quién no le ha hecho nunca un corte de manga a un bebé (a espaldas de la madre) porque no se ha reído de las monerías que le estabas haciendo?), debido a que nos van a quitar algo tan inocente como una patata frita (que ha sido tratado, además, como un acto degenerativo y que atenta contra la moralidad del Inserso) y sobretodo debido a que es algo intrínsecamente ligado al período pre-púber y que se continúa hasta edades tan avanzadas como los …te y tantos (y no quiero decir nada de los casos de gente de …ta y pico años, que haberlos, haylos), quiero mostrar mi profunda desaprobación hacia la impuesta «Ley Seka» (con k para q quede más radical y pasota) que tiene a los jóvenes traumatizados, desorientados y absolutamente sobrios.

Soy de la opinión de que no se puede quitar algo que forma parte de nuestra historia de golpe y porrazo (¡corcholis! ¿qué daño puede hacer un amigable e inocente botellón?) y no sólo porque no conocemos otra forma de divertirnos, sino porque nuestra libertad se va a ver tan reducida como un Támpax dentro del agujero equivocado.

Por lo tanto, salgamos a la calle y reclamemos nuestra libertad de botellón. Y después podríamos ir al cine o al Deshoras a tomar algo…

Yo creo que la gente critica mucho lo que no sabe o desconoce. Un ejemplo claro es mi madre, que dice q en los «bodegones esos» que se hacen (se hacen solos, claro está) las pandillitas se dedican a beber y fumarse algún que otro canutillo (¡panda de desaprensivos!). Está claro que en su vida ha ido a una. Pues si la gente no sabe de lo que está hablando, que no hable. Que para escuchar zurullitos orales ya tenemos a los Caños (aunque nos sepamos la letra de las canciones). Pero esta indignación se ve reforzada por la certeza de que los botellones son más un acto social que una aberración contra natura. Y si nos pusiéramos a pensar, veríamos las cosas más claras, los recuerdos más nítidos, los sentimientos más a flor de piel (pero sin pasarse). Y así, piensa q te piensa, he encontrado un porcentaje bastante más alto de ventajas y aportaciones espirituales que de elementos agresivos:

Consecuencias desagradables (éticamente consideradas como «molestas»):

1. El acto del botellón (Botellonus chirigotus) en ocasiones puede resultar un pelín molesto a personas con un oído más sensible, especializado en detectar los sonidos emitidos por la cópula de la mosca albina (Moscarda lechosa, normalmente conocida como «mosca guiri»).

2. Puede ser que alguna neuronita se vea afectada (indirectamente) por beber algo de alcohol. Aunque estudios más recientes demuestran que esto se debe más al ávido consumo desmesurado de patatitas y 3Ds durante el acto del botellón.

Ventajas y aportaciones espirituales (único propósito de enriquecer nuestra personalidad):

1. Si no hubiera botellones (o botelleo, según los murcianos), la demografía española caería en picado e incluso notaría el calor creciente al irse acercando al núcleo del planeta. No veríamos niños correteando por las calles, ajenos a todo lo que les rodea, sólo pendientes de su felicidad… (vaaale, eso sobraba, que me he asustado hasta yo).

2. Si se acabaran los botellones, la vida social de cada uno se vería afectada en mayor o menor grado, ya que cuando hay un botellón, casualmente aparece otro al lado como surgido de la nada.

3. Se acabaría el conocer gente tan interesante como Puri, que se hace llamar a sí misma «la Torti». Debido a su estado etílico no para de besar a su mejor amiga, Aaamparo, que es tan flaca que parece un rosario después de haberse comido un plato de guisantes.

4. Se acabó el conocer al típico grupo de ligones empedernidos de 14 años (y el típico hermano de alguien, de 11) tan guapos que nadie sabe por qué sus madres los eligieron a ellos en vez de a la placenta. El médico diría: si vuela…. es un murciélago. Seguramente sus madres no podrán contestar a eso, ya que el médico, al ver semejantes fetos, les debió golpear con cualquier tipo de hortaliza a mano hasta matarlas. Lo de las hortalizas en quirófano es un misterio.

5. Si prohíben los botellones, las tabacaleras se arruinarán. Y los infantes (e incluso algún púber) no podrán parecer más mayores e interesantes con el cigarro en la mano.

6. Si los infantes del apartado anterior no tienen posibilidad de hacer botellones, cuando sean adolescentes no tendrán oportunidad de aprender a tragarse el humo.

7. Dicen q el cuerpo humano es más resistente de lo que parece. Las muertes por accidentes de coche y bombas nucleares demuestran que no tanto. En los botellones, vamos acostumbrando al cuerpo a una vida llena de sorpresas físicas tanto gratas como ingratas. Con el frío que se pasa, nos preparamos para cuando un avión secuestrado que sobrevuela Groenlandia nos deje abandonados a nuestra suerte sin más comida que una bolsa de palomitas transgénicas. Con los sitios tan incómodos elegidos, acostumbramos el cuerpo y endurecemos la fina e inútil epidermis (hasta que somos como un callo con dos patas), preparándonos física, psíquica, emocional y sobrenaturalmente para cuando tengamos que escalar hasta el K2 o el Everest; o para cuando nuestra tía, la que necesita una depilación urgente de entrecejo, nos regale una bicicleta unisex sin sillín (…pero con mucho sex) para que hagamos el Tour Carrefour.

8. Sin botellones perderemos la oportunidad de consolar a una buena amiga (en realidad la acabas de conocer, es del botellón de arriba, pero en ese momento darías tu vida por ella) que no deja de llorar desconsoladamente porque hace 5 años le dijo a un chico de piel de melocotón y ojos juguetones (palabras textuales) que no cuando en realidad era que sí. Sólo con la definición que te da del maromo en cuestión, en otro lugar, le habrías golpeado hasta el coma por cursi y petarda; en un botellón descubres que tienes un corazón bondadoso y te sientes realizad@ después de haberla consolado con voz dulce y armoniosa (o al menos, eso piensas tú, que, al fin y al cabo, es lo más importante), diciéndole que no se ponga triste, que por aquel entonces sólo tenía 7 años y no era consciente de la situación. Después de esa noche…. te planteas trabajar ayudando a la gente.

9. Los botellones ayudan al crecimiento del individuo, fortaleciendo sus músculos y activando el metabolismo graso de forma increíble («¿Vas al gimnasio? No, hago botellones»). Está comprobado que las personas que en su juventud han sido los encargados de comprar la bebida casi siempre (Pringadus poco-reconocidum) para sus 26 amigos, viven una media de 3 semanas más que el resto de la humanidad. Claro, que si después se bebe algo de lo que ha comprado su media de vida desciende en una década.

10. Sin botellones no se fomentará el espíritu crítico de la gente y no desarrollaremos la capacidad innata que tenemos de dialogar… cuando a la gente no le parezca bien lo que se ha comprado. Siempre hay alguien que quería 3 botellas más de cualquier cosa con alcohol y 3 botellas menos de licor de aceitunas «sin». Cuanta más bebida hay, más conversamos amistosamente sobre quién cojones ha comprado toda esta mierda, ¡hostia!.

11. ¿Creéis que en el colegio es donde nos enseñan a hacer operaciones matemáticas?. Pequeños, si nunca las hubiéramos pisado el cole, habríamos aprendido matemáticas debido al botellón. Es la ley de la jungla, la ley del más fuerte… para sobrevivir hay que saber matemáticas (hasta un nivel básico de guardería, hasta matrices y ecuaciones diferenciales de 2º grado, no más). En el momento de pagar, el silencio nos envuelve: sólo se puede oír la respiración de todos nosotros (que indica una hiperventilación inmediata) y la tos de esa amiga tuberculosa que todos tenemos y apreciamos (pero que nos da tanta grima que la acariciamos con una rama). Gracias a que a nadie se le ha ocurrido traerse una calculadora…. todos debemos calentarnos la cabeza sobre cómo se divide 13.708 pelas (*&#’! Euros) entre 26 personas. Casualmente nunca da un número exacto. Casualmente nadie lleva suelto, todo son billetes de 5.000 ptas (¡30 euros! Ese sí que lo sé). El sistema cardiovascular del pring… del amigo que ha pagado todo con su dinero, se fortalece enormemente por la actividad efectuada en ese momento. Eso está bien, porque si lo tuviera mal, no tendría dinero para pagarse una operación.

12. Los hielos. Debemos reconocer que es un tema delicado. Todos venimos de familias aristócratas y estamos demasiado bien acostumbrados (macro-bien-acostumbrados, en el argot de ese tipo de gente que no se pierde un botellón) a las comodidades. La falta de hielo nos ayuda a improvisar sobre la marcha. El hielo siempre se va a acabar cuando te vayas a poner la 2ª copa (…copa de plástico). Esto en el caso que alguien se haya acordado de comprarlo. ¡No pasa nada! Somos animales racionales. ¿Qué hacemos? Pues qué vamos a hacer: mandar a las dos jóvenes más borrachas a comprar a una tienda que sólo la tuberculosa conoce… pero como nadie sabe dónde está (ha desaparecido misteriosamente después de caerse en la autovía), pues nada. En eso ayudamos a esas dos personas que en esos momentos necesitan más aire libre que el de la playita. Esas personas acabarán sabiendo el significado de compañerismo. Ayudándose a no caerse al intentar dar un paso, riendo sin motivo alguno, hablando amistosamente, vomitando y soñando con que la tiendecita de hielos esté abierta (y aunque no lo está, y se pierden por descampados y son violadas por todos los orificios de su cuerpo y humilladas por unos bakalas de 14 años horrorosos, han vivido todo eso juntas, que es lo importante).

13. Siempre hay un momento en la vida de todo adolescente en que va a mezclar algo y…. ¡Uy! ¡Se ha acabado la Fanta! Acto seguido se oye un eructo capaz de partir el universo en dos. Es un eructo que sólo puede provenir de Mari-Choli «la gallega «(llamada así por ser de Castellón de la Plana), la que sólo se bebe toda la Fanta que necesitas para tu bebida que cuando tengas algo suelto pagarás. Gracias a Dios que ahí están todas sus amigas para explicarle, sin levantar la voz y sin ánimo de ofender, de una manera correctísima, por qué no debería hacer eso. Y siendo de familia aristócrata, puta, por lo menos paga la Fanta de limón que estás bebiendo. Esto ayudará a Mari-Choli a ponerse en el lugar de los demás y a ser un poco menos egoísta. Que ser hija única no es suficiente excusa. Después de un botellón, Mari-Choli será mejor persona.

14. Al no haber nunca kalimotxo en este tipo de reuniones (la tuberculosa es la única que se acuerda de pedirlo al hacer la lista de compras… pero sigue sin aparecer) se aprende a apreciar el vino tinto en toda su magnificencia. A distinguir el blanco del rosado, y apuntar que la diferencia está en el tiempo de maceración. A no hacer el ridículo en una futura comida de trabajo (en el caso que no seas meretriz, ya que el concepto cambia bastante) al pedir Fondillón con Coca-cola.

15. Los botellones ayudan a las personas tímidas a quitarse complejos y acabar de strippers en Crónicas Marcianas, al tener que miccionar en los sitios más insospechados: detrás de un coche lleno de bakalas de 14 años dormiditos, delante de la discoteca de moda del momento, al lado de un grupo de profesores de tu guardería que están demasiado preocupados por su vómito que por tus genitales, etc.

16. Un botellón como es debido eleva tu creatividad a la máxima potencia. Por un momento te podría coronar como «la Reina de las Cocteleras» o «el Maestro de las Mezclas». Todo el mundo te admira cuando ve la cantidad de colorines que tiene tu copa, bautizada como «Orgullo Gay».

17. Y por último, y lo más importante: los botellones nos catapultan a la fama. Del botellón a Operación Triunfo. ¿Quién no ha cantado «Baila Morrrena» después de un botellón? ¿O éxitos tan actuales como «Tarzán y su puta madre okupan piso en Alcobendas», la B.S.O. de «Oliver y Benji» y el «Canon de Pachelbel» a grito pelao, con violines y todo?. Quien vale, vale, y el que no, a comer a casa.

Bueno, este ha sido un brevísimo análisis sobre el Botellonus chirigotus en estado salvaje. Espero que hayáis comprendido la importancia de todo esto y su repercusión en la psique afro-española. ¿Hacemos un botellón pronto?

¿Serán los botellones igual en toda Europa? ¿Tan gratificantes? ¿En Berlín? ¿En Florencia, por ejemplo? No he ido a ninguna de estas ciudades, pero cualquier excusa sirve.

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