El nombre de la cosa

El tren del desconcierto. ¿AVE, TGV o TAV? Todos los acrósticos se refieren al mismo servicio: un tren veloz, el más veloz del mundo, pero que no acaba de llegar.

Sin embargo, para algunos, como los responsables del Departament de Política Territorial, TGV (Train Grande Vitesse) de inspiración francesa, o TAV (Tren de Alta Velocidad) son expresiones más correctas que la abreviatura AVE (Alta Velocidad Española), aunque esta denominación sea la que más calado tiene en la población por su carga simbólica. ¿Qué es más importante, la cosa en sí o “el nom de la cosa”? Hace unos días, un alto cargo de la citada conselleria recomendaba, casi exigía, el uso de la denominación TGV y que se erradicase la de AVE porque “es una marca comercial”. Así es, la introducción de la alta velocidad en España se hizo con el AVE Madrid-Sevilla.

La historia está llena de ejemplos de nombres propios –marcas– que por su uso se han convertido en denominaciones comunes: jeep, tampax, tbo, kleenex, danone o bamba, por citar sólo algunos ejemplos. No es más que una antonomasia, una figura retórica que, según el diccionario de la Real Academia Española, es una “sinécdoque que consiste en poner el nombre apelativo por el propio, o el propio por el apelativo, por ejemplo, el Apóstol, por San Pablo; un Nerón, por un hombre cruel”.

Durante los últimos meses ha habido pruebas más que evidentes de que en el trazado de la alta velocidad las cuestiones políticas han sido más determinantes que las razones técnicas. “Es una lástima que con las cosas que hay que hacer en este país haya quien pierda el tiempo con nimiedades como ésta de si se le llama AVE o no y todo por ese adjetivo del final”. Es el comentario de alguien del PSC que conoce bien los entresijos ferroviarios, para el que, como subraya la sabiduría china, “qué más da gato blanco o gato negro, si caza ratones”.

Sin embargo, este experto señala que, a la vista de cómo se está desarrollando el despliegue del AVE, al margen de que a unos u otros les guste más o menos el nombre, detrás hay un problema de fondo y grave. “Fomento quiso que fuésemos diferentes, se propuso hacer el tren bala y de momento lo que tendremos será un ‘carrilet’.” El Madrid-Barcelona está concebido para ser el más rápido del mundo, ya que se prevé que alcance los 350 km/h. Pero estos días el ministro Álvarez-Cascos ya ha reconocido que el servicio arrancará a 200 km debido a los problemas técnicos.

Otro buen conocedor de las dificultades se expresa en términos muy parecidos. Una vez más se recurrió a “la voluntad imperialista, al ser más chulos que nadie, pero luego la tecnología nos ha traicionado”. Esta es la importancia de llamarse AVE.

La Vanguardia

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