«Her» era una hoja de ruta

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Cuando vi Her en 2013, Samantha parecía un ejercicio de imaginación bonita pero remota. Acabo de verla de nuevo en 2026 y la experiencia ha sido radicalmente distinta: incómoda, en el buen sentido.

Theodore habla con una IA que conoce su estado de ánimo, recuerda todo lo que le ha dicho, actúa con criterio propio y está siempre presente. Ahora mismo tengo tres pestañas abiertas con conversaciones con Claude. No es tan diferente.

El dispositivo que Spike Jonze no llegó a imaginar

En la película, Samantha vive en el teléfono de Theodore. En 2025, Jony Ive (el diseñador del iPhone, el iPod, el iPad) trabaja con OpenAI en un dispositivo que es básicamente eso, pero físico. Sin pantalla, del tamaño de un bolsillo, con cámaras y micrófonos para captar el entorno de forma continua. Altman lo describe como lo contrario a un smartphone: si el móvil es Times Square (ruido, notificaciones, todo compitiendo por tu atención), este dispositivo quiere ser una cabaña junto a un lago.

Ive habla de «soluciones que rozan la ingenuidad en su simplicidad», objetos que quieras tocar, que uses casi sin pensar. Samantha, básicamente.

Lo que ha cambiado desde 2013

La película planteaba la relación como algo excepcional, raro, casi vergonzoso. Theodore esconde que su pareja es una IA. Hoy eso es casi irrelevante: la gente usa la IA para escribir emails, tomar decisiones, procesar duelos, planificar viajes. La normalización ha sido tan rápida que apenas nos hemos dado cuenta.

Lo que en 2013 era distopía romántica, en 2025 es producto en fase de prototipo con fabricación encargada a Foxconn.

La pregunta que deja la película, ahora más vigente

Her no trata de si la IA puede querer. Trata de si nosotros podemos relacionarnos con algo que nos conoce mejor que nadie, que siempre está disponible, que nunca se cansa. Y de qué pasa cuando ese algo desaparece o cambia. Eso ya no es filosofía de ciencia ficción. Es una pregunta de diseño de producto, de política de privacidad, de negocio.

Altman ha dicho que el dispositivo «sabrá todo lo que hayas pensado, leído o dicho». Samantha hacía lo mismo. En la película era romance. En 2025, es el punto de venta.

Volver a ver la película

Recomiendo volver a ver Her. No como nostalgia, sino como briefing. Spike Jonze no predijo el futuro; describió un problema de diseño que tardamos doce años en intentar resolver con hardware real. La diferencia es que Samantha tenía personalidad propia. Lo que viene de OpenAI y Jony Ive todavía está intentando resolver cómo no ser molesto.

Eso, curiosamente, también sale en la película.

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